Mariposa

La Manga del Mar Menor.

Hay equivocaciones que duelen toda la vida

un puñado de tajos en el alma  

palabras (in)pronunciadas,

lágrimas que tejen telas en la mirada

huérfana en sonrisas, mariposa sin alas

acampas sin permiso, te ordeno que salgas

vuela alto… la mar está brava

renaces en este poema

tomas aire y te lanzas

no es error si el amor manda.

Fuego

Isla del Barón. La Manga de Mar Menor. San Javier.

En el cielo de mi playa es tu amor el agua.

empapada de mar cristalizas el deseo

dulce distracción sirena de fuego

tentación de un alma.   

En la piel de un poema respiras geoda en llamas

en el cielo de mi playa es tu amor el agua

distracción de mariposas

mi esencia flota en el agua.

Tentación

Geoda de amatista.

En la piel de un poema

siempre quedan lascas,

lágrimas fosilizadas

geoda de tentaciones

dulce distracción de un alma.

Soledad de una sirena

que transforma tus momentos

cuando está fuera del agua…

Desnuda y sin palabras

sueña con hacerse a la mar

lamer la sal de cada herida

memorizar los latidos

recalar en cada puerto

Nadar adentro.

Silencio

Orilla de la playa. La Manga del Mar Menor. Cartagena. Agosto 2022.

El azul de tu mirada

en la isla nuestra calma

son las olas de este amor

donde fluyen nuestras almas.

Es el mar de los silencios

contigo adquiero el color

es tu olor la sal del agua

Me acaricias con tu voz

no hacen falta más palabras.

La hamaca

Aquel mes de julio estaba siendo duro. Guillermo acababa de mudarse a un ático en la plaza de Las Flores, con lo que los días que corría algo de brisa se sentía el ser más privilegiado de toda Murcia. España está cociéndose a fuego lento, pensaba mientras se balanceaba lentamente en la hamaca que había instalado en la terraza. En su fuero interno se sentía satisfecho porque por fin había abandonado el nido materno.

Treinta años de maullidos y ladridos en ese cuchitril, suspiró al pensar en su leonera. Y es que para Guillermo, su antiguo dormitorio era una prolongación del patio de vecinos, donde confluían las conversaciones de los inquilinos de cuatro patas de todo el bloque. Alérgico al polvo y a los animales, había sobrevivido las pelechadas de sus vecinos con estoicismo. El domicilio familiar en Alcantarilla estaba en un edifico de cuatro plantas y, en todas las casas tenían una mascota: el caniche de doña Manolita, el bobtail inglés de la maestra, que en realidad era de su hija, las dos panteras -porque eso no son gatos- del primero, y la pareja de cotorras de sus padres. Toda una vida oliendo ese tufo perruno por no hablar de los orines de los felinos, que cada dos por tres se colaban en su cuarto. Esos días ya son historia, sonreía.

En esas estaba cuando observó a un niño que jugaba con un pastor alemán en mitad de la plaza. El pequeño le lanzaba una pelota amarilla y el perro salía a la carrera sin dejar de ladrar. Confío en que no vivan cerca, barruntó desde su atalaya. Una hora después entró a la cocina para prepararse algo de comer. Cuando regresó al balcón se entretuvo un rato cotilleando en las redes sociales hasta que le venció el sueño. Siete horas más tarde se despertó con el gorjeo de unos gorriones.

Al principio le sorprendió verse en la hamaca, pero luego le pareció una idea estupenda para sobrellevar las altas temperaturas. Durante el día cada vez que tenía que atravesar la Gran Vía tenía la sensación de que el asfalto desprendía fuego, así que por las noches se instalaba en aquel rincón y repetía su rutina. De lunes a viernes, sin excepción, siempre a la misma hora, el perro acudía a la plaza con su dueño. “Así da gusto. Tú allí abajo y yo aquí en las alturas, y entre nosotros una amplia distancia”, se decía.

Casi se cae de la hamaca cuando escuchó los ladridos del perro que no dejaba de saltar a su alrededor. Será posible…, justo entonces sintió el olor del humo y al girarse observó las llamas de un fuego que se elevaban desde el quinto piso.. Al mirar hacia abajo descubrió a algunos de sus vecinos que lo observaban desde la calle. En pijama seguían con atención los movimientos de los bomberos que trataban de sofocar el fuego. El pastor alemán lo miraba en silencio hasta que Guillermo le preguntó:
– Amiguito y tú, ¿cómo sabías que yo estaría aquí?
– Guau, guau, guau…

Alma

Envuelta en llamas

¡qué fría está el agua!

carcajadas magia.

Te detienes en el recorrido

lames mis manchas

en la miel del alba.

cuando los sueños

juegan al escondite

a solas, dos almas.

Agua

Brota el agua en cascada

es tu cuerpo ese mar

aguas en calma.

Estás en los gestos

de cada verso

no acierto el dardo

en la palabra…

Soledades desgastadas

ese grito de silencios,

sin máscaras

cara cara…

Sea gigante molino o

daga

ya no existen los fantasmas.

El amor crece en el alma

agua, somos agua…

Catarsis

La caída de las almas;

el instinto, la materia

la humanidad en bruto

pasiones y controversias.

El destino, la decisión…,

la elección que desnuda una esencia

la historia respira

el poeta se alimenta.

En la olla cuecen las miserias

fluye sangre entre las letras

brilla una chispa sigue la luz

amainan las diferencias.

Una intuición emerge y surge la escena

el amor se reinventa

nadie sabe el final

brillan las estrellas…

Sueño

Casa de las flores. Cartagena

Prefiero la locura que estar cuerdo

reinventar para vos un nuevo credo

que crecer en el néctar de un soneto

es tú música mi único alimento.

Si alguna tristeza tienes en medio

tú silba y yo busco el remedio

los dos crearemos nuevos recuerdos

el amor es un sueño si es de dos.

Amarte soñar los ojos abiertos

miro tus flores si tú estás lejos

parece que el tiempo pasa más lento.

En tu boca mi nombre es como un verso

que recorre el aire hasta tu aliento

en silencio tu risa sabe a un beso.

Calma

Playa del Cavanna. La Manga del Mar Menor. Julio, Cartagena

Siempre estás en el espejo,

tus versos me traen el viento

se me olvidan las distancias.

En la brisa de la playa

donde estoy cuando te pienso

no hacen falta más palabras.

Es tu amor mi calma.

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