Huelo a noche marraja, a sal y al Nazareno

El Nazareno al óleo. Pilar León de Miras. Cartagena, 1992.

Testigo del tiempo. Las ramas de la Pasión se pliegan sobre su cuerpo abriéndose camino como el cincel de Capuz entre los relieves de madera de los que emana el pelo de Jesús, El Nazareno.. Te cuelas en mi alma y guías mis pasos, mis pensamientos …

Un tambor sordo agita mi pecho como un lamento que rasga mi alma. Su voz araña mi carne hasta que me pongo en movimiento. Un espíritu me arrastra camino del templo. Dejo atrás los deshechos vacíos de mi mente para acudir presta al paso de La Piedad, la noche del Lunes Santo, morada, negra, dolorosa con ese augurio que presagia tu muerte.  

Los portapasos de la Caridad Chica, la Virgen de La Piedad, la Virgen guapa, la madre de los marrajos, madre nuestra …, se alinean junto a las vigas del trono y dejan sus rojas negras, homenaje a Caridad, La Negra, la puta que defendió a la Patrona, de la quema durante la guerra en el templo de la madre, la madre de Cartagena.

El aire huele a sal, a marrajo, al morado de tu ornamento. Con el madero sobre tu hombro frente al Pinacho, tus ojos me miran y me pierdo entre las colas de los marrajos, que envuelven la luz de los candiles en hachotes en movimiento, mientras degusto ese caldo, que me sabe a mar y calienta mi cuerpo, tú caminas a paso lento al Calvario, entre saetas que te cantan de madrugada, a ti Jesús, Nazareno.

Entre cuestas, calles pedregosas, balcones en las esquinas, entre las aceras, el tambor guía al tercio de capirotes, que en silencio y en orden, abren paso al cortejo, por el barrio de pescadores, esa isla que el mar baña, adormece y templa.

Entretanto tu madre, la Virgen de la Soledad, pequeñica pero hermosa, engalanada en un manto de sangre, brillante como el fuego, dorado en su agonía, sabedora de tu muerte, sortea la estrechez de la acera cuando sus penitentes la elevan, al paso del Arco de la Caridad, donde hace ya una semana Cartagena celebró a su Patrona, la Virgen de la Caridad con flores, bailes, música y versos.

Madre e hijo avanzan por las calles camino de El Encuentro, que esta madrugada viviré por dentro, aislada como tantos de procesiones y otros desfogues. No veo las imágenes, pero las escenas de tu pasión, las siento adentro. Cantaré esa salve en silencio, en honor a la Virgen marraja y a Jesús, El Nazareno, a los que siguen San Juan y Jesús Medinaceli, todos juntos, mudos testigos del tiempo, con el anhelo de otra Semana Santa en que pueda veros en procesión por las calles del centro, y salir a buscaros entre el gentío cartagenero, ávido de visitantes, de láguenas, reparos, sepulcros, piquetes, romero, cabildos, monas, yemas, dátiles y sentimientos.

Publicado por María Jesús Galindo Bollain

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