Miedo …

Sientes que la vida se te escapa entre los dedos sin que puedas evitarlo. Los días pasan cada vez más rápido y el caos permanece inalterable. La desidia envuelve tus horas y tu abandono se convierte en un precipicio en cuyo borde te sitúas con deseos de saltar y apagar las brasas cada vez más insistentes. Algo te invita a dar un paso atrás, a reflexionar sobre tus errores hasta aceptarlos y aprender a vivir con ellos. 
Sin embargo, no acabas de poner punto y final a esa soledad en la que te instalaste en el instante en el que decidiste rendirte para dejarte llevar sin un rumbo fijo.
La desesperación no es suficiente, tu apatía va en aumento y la casa se te cae encima. Tu desorden no es más que un reflejo de esa madeja de emociones mal canalizadas que sientes en tu interior como una losa que aprisiona tu alma. Algo te dice que no has sido tan mala persona, más te maltratas con reproches y el silencio se apodera de ti incapaz de verbalizar tu tristeza. La encrucijada se hace cada vez más patente y el miedo empieza a vencer tu resistencia ...

Felicidad

Efímera, instantánea y sutil

acaso, apenas ese instante

en que te posas en mi alma

y me haces sonreír.

Vienes y vas, en ocasiones sin avisar

me envuelves en tu manto,

y yo me acurruco en ti

más sé que pronto marcharas.

Aunque nunca te vas del todo

siempre dejas una huella, un recuerdo,

un aroma, una flor, una canción,

cualquier esbozo satisface mi anhelo

porque regreses de nuevo a mí.

Te veo en los ojos con que me miras

en el calor de ese abrazo

en la sinceridad de unas palabras

en cada sonrisa que se me ofrece sin más.

No siempre estás en tu mejor momento,

más veo tu esfuerzo, tu lucha implacable

por dibujar el sueño imposible

ser cada día la mejor versión de mí.

Un día, un año más, qué importa

si permaneces inalterable a mi lado

y nunca me abandonas del todo,

eres … la felicidad

Libre

La osadía de mi mente me conmueve,

pese a lo tortuoso del camino

en su afán de satisfacer mi anhelo.

Una herramienta poderosa

permanece en mi Ser

La ninfa de mi bosque …

entusiasmado ante la aventura

que destila este hallazgo.

Con decepciones y obstáculos

mi psique se despliega

y, es entonces,

cuando te encuentro

y me siento arropada en este viaje

que nos brindará otra escena,

tal vez un entorno diferente,

ajeno al imaginario colectivo

en el que ambos nos sentimos libres.

, que eres mi yo disfrazado, y Yo,

que vagué por el mundanal ruido

y ahora en cambio,

me amparo en el silencio para escucharte.

Me desnudo ante ti y me crezco

al mostrarme más allá de la carne

y en la complicidad de este instante

la libertad agita mi alma.

Flor de Pascua

Sencillas piezas de un nacimiento tallado en madera adornaban el canterano, y ahora mi hermana las coloca en un rincón especial del comedor de su casa, junto a gramola de papá; la unión de almas en torno al calor del fuego de la chimenea; Papá hace las ‘perdices’ en las brasas, aquellas patatas asadas aderezadas con un toque de pimienta y sal.

Mi planta de Navidad (…) La Flor de Pascua que tanto me gustaba. Nos recibía desde el murete que circunda la tierra y nos decía adiós cuando abandonábamos ese remanso de paz, la pequeña finca de La Palma para volver a Cartagena tras un fin de semana invernal.

La noche de Reyes, una sombra en el marco de mi puerta y, bajo las sábanas la patada de la abuela frenando mi impulso de ver a Melchor con su inmensa y poblada barba blanca y su tierna mirada, que me hace soñar con los ojos del abuelo Ángel. Siempre me decían que le gustaban mucho los niños. Falleció un año antes de mi nacimiento y no pude jugar con él. Me hubiera gustado y sé que a él también, pero estoy segura de me observa con sus ojos pequeños y llenos de luz que aprecio en viejas fotografías …

El sonido del minidisco en un peluche disfrazado de Santa Claus que me habla al apretarle el pecho y que buscaba con la mirada cada vez que entraba en el salón de la casa de la tita en las Puertas de Murcia. Te sorprendía que, pese a mis años, me siguiera gustando oír la risa de aquel juguete, que de niña me hacía soñar con el abuelo. Y eso que falla porque este año no le habéis puesto las pilas…

Papá subido sobre las tablas colocando el cielo del belén y yo, siempre a su lado, en ese ritual de abrir y sellar cajas para después cubrir los maderos con aquella tela recia de colores andinos. Era el escondite perfecto cuando jugaba con mi hermana.

El tamborilero’ de Raphael suena en el carrete del tocadiscos. Tantas letras de Manolo Escobar, en forma de villancicos, que brindan alegría y música en casa. El belén del tío Manolo en el aseo, una escena inmensa y profunda del pueblo de Nazaret que, casi siempre terminaba el día de Nochebuena. Podía pasar más de una hora observando cada detalle y, en cada visita, descubría algo nuevo que se me había escapado el día anterior.

El turrón de chocolate me volvía loca y siempre se terminaba antes que las ‘marquesas’ de papá; mis roscas con mayonesa mientras otros comían exquisitos manjares propios de estas fechas. En la cocina de la calle Jara, las bandejas de dulces y la tortilla de patatas de la abuela Pilar… Los caramelos que nos arrojaban los Reyes Magos caían en los balcones. En su portal, omnipresente, la cabina roja del vendedor de palomitas de maíz que desprendía un olor inconfundible invitándome a la tentación. Los bollos con chocolate caliente, los espejos ovalados del salón, el despacho del abuelo intacto pese a su ausencia, la galería de la cocina donde papá montaba su belén cuando era un crío con piezas de metal o de barro. Ya entonces le encantaba hacerlo… Este año ya ha instalado todos los adornos en casa.

La estratégica colocación de las bolas de colores en el árbol, ese abeto verde que tanto le gusta a mamá con sus lágrimas blancas que parpadean e iluminan los adornos. Nuestro colgante, ese pequeño polluelo azul y blanco envuelto en algodón en una cáscara de una nuez. Tal vez, ese nido, sea el aderezo más sencillo y humilde de la casa, pero a papá y a mí nos gusta más que las piezas de biscuit o el paracaídas que compró en Alemania. Ese placer de hallar la emoción real en una escena tan natural despojada del ruido del televisor: las muñecas de Famosa, el turrón de El Almendro, que evoca la vuelta a casa por Navidad, las famosas burbujas del cava catalán o el anuncio de la Coca-Cola …

El ajetreo de las últimas compras en las calles, el paseo en el mercadillo en busca de pequeños detalles con los que obsequiar a los míos con las pagas del sábado. Mi hermana y yo unidas por el mismo anhelo: descubrir un detalle que dibujase una sonrisa en el rostro de los abuelos. Apenas teníamos dos horas para cumplir la misión y regresar a casa a tiempo…

El olor de mamá al dejar un beso en su cuello o abrazarla y permanecer unos instantes mágicos arropada en sus brazos, papá acogiéndome en el tresillo bajo su hombro cubiertos los dos con la manta para ver la película juntos, como el rey León protegiendo a Simba entre sus patas. Su manía de taparme bien los pies cuando se incorporaba, gesto que a mí me encantaba. La abuela Pilar pintando en la galería acompañada por el pastor alemán de la azotea del edificio de enfrente. Sin apartar la vista del caballete, con la paleta y el pincel en las manos, mantiene su conversación diaria con el perro sumergida en el lienzo. Las sobremesas junto a la mesa de camilla al calor del viejo brasero. Todos juntos llenos de paz. Un abanico de escenas bañadas de ternura y nostalgia llenan mis pensamientos.

Era una niña entonces. La abuela Pilar estaba aún viva y los abuelos también. Ahora están allá arriba en el cielo, en ese infinito llamado Paraíso, o en un espacio desconocido, en el que reina la paz y la calma; o tal vez han vuelto a la vida con otra apariencia y aún no nos hemos encontrado… A veces oigo sus voces como susurros tiernos en mi oído. Están dentro de mí y siguen viviendo a través de mi espíritu. Así será hasta mi último aliento; y pienso que entonces los volveré a abrazar, un calor que no quema abraza mi alma y la envuelve con un velo de quietud, mientras en mi mente se dibuja una sonrisa.

Hace unos días mamá me condujo hacia el jardín de tu casa y me mostró tu planta de Navidad. “La abuela Olga se la dio a la mujer que cuida el jardín y ella la plantó en la tierra”, me explica mientras contemplo su esbeltez y la textura de sus hojas, y por un instante. siento ese olor tan tuyo … Este año las hojas aún no se han tornado del verde al rojo pasión de la Flor de Pascua. Es cuestión de tiempo …

Diciembre ha irrumpido de nuevo en este año inusual, en el que cada día son más los que pasan hambre y frío. Navidad no es un mes, es el día a día en el calendario, al igual que mis mimos a las plantas y los besos que dibujo en el aire para mis seres queridos. Eso es Navidad. Pensar en el otro, ponerte en su lugar y dar sin esperar nada a cambio mientras esbozas una sonrisa en tus labios.

Tú planta de Navidad vive en el jardín de tu calle
Las hojas se tornan del verde al rosa
El milagro de la naturaleza
El milagro de la naturaleza …

Despertar

Versos

Aún con el aroma del rocío sobre mis hojas

y la tierra que asienta mis raíces

siento fluir ese elixir inconfundible,

la corriente me engulle como al manantial

y renace el calor de aquel amor

en la hoguera de mi alma.

Ese impulso que despliega mis velas indomables

hace lo mismo conmigo,

que me agito con la emoción del timón

en plena marejada.

El barco abandona puerto antes del alba

cuando el sueño libera mis sentidos y, en ese

instante, en que acaricio el vuelo del fénix

dejo entreabierta la puerta de mi alma

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